domingo, 29 de mayo de 2016

SOBRE PONERSE LA FILOSOFÍA EN SU LUGAR


«Probablemente, hayan sido noches de insomnio las que han inducido a ciertos meditadores a preocuparse por el lado hacia el que se acuesta la filosofía, para encontrar su espacio y objeto, con el fin de acertar triunfalmente en su idónea posición, y procurarse de este modo feliz descanso. Muchos son los animadores gustosos de convocar camas redondas donde celebrar los festejos de las bellas artes y las bellas escrituras, todas unidas en promiscuo abrazo, en una propuesta, sin duda, más excitante que la que proclaman los amantes del ensimismamiento y de las colaciones en mesas separadas.

¿Se acuesta la filosofía más a la ciencia o a la poesía? Si se toma esta insinuante pregunta como una directa proposición, hay que hacer constar que ya se han dado respuestas confirmadoras de tales relaciones, desde las tesis sostenidas por el positivismo lógico —sus epígonos y sus neos correspondientes, que se consuma  tras el enlace de la denominada  filosofía científica— hasta la ordenación de los Románticos de gradual generación pero semejante conversión, que se consumen ante la proclamación de una poesía filosófica (o filosofía poética), garante de una elevación hasta el Absoluto. ¿De dónde procede tan celestino empeño por emparejar a la filosofía?»

Fragmento del artículo «El valor filosófico. Demarcación y géneros en filosofía y literatura», en Claves de razón práctica, Madrid, ISSN 1130-3689, Nº 94, 1999, págs. 73-78


Para un mayor desarrollo de este asunto, véase
(Alfons El Magnànim, Valencia, 2004). 


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